“Quienes maternamos tenemos la oportunidad de sostener una interacción profunda con las crías, con su sabiduría salvaje, su imaginación radical, su rebeldía y su energía vital. Las crías son una explosión de fuerza y ternura feroz, son en sí mismas dislocadoras del macho mundo (…) Quienes maternamos, recibimos de ellas, inspiración, guía y acompañamiento amoroso que nos fortalece para resistir. Además, cuando dejamos de llevar a cabo la domesticación de las crías (una de las principales funciones que se nos ha impuesto) estamos cortando eslabones claves en la cadena de la reproducción del sistema colonialista-patriarcal” –Ahtziri Salazar desde Guadalajara (Jalisco, México)

Obra cabecera: Al borde de la mar (2018) por Ahtziri Salazar.

Os compartimos esta conversación con la gran, Ahtziri Salazar. Madre de dos, doula, artista, investigadora y gestora cultural con maestría en Estudios de Género. Impulsora de Artistas Madres: Plataforma colaborativa de investigación artística para la emancipación y politización de las prácticas maternas desde Guadalajara (Jalisco, México) a partir de los ejes: Agencias&Potencias&Resistencias. Voz feminista generacional de referencia en el proceso de articulación como sujetos–políticos–maternos fuera de romantizaciones, hetero-pater–exigencias y negaciones sistémicas.

Autora de la publicación “entre duelos” (2024) cuya narrativa se va armando a partir de una serie fotográfica, poemas y reflexión feminista (considerada una obra fundamental dentro de nuestras “Nuevas Luchas Reproductivas”) donde profundiza en los procesos de re–configuración o transfiguración que atraviesan a los cuerpos maternos desde ejes post–identitarios. Sobre lo cual, también, hemos ahondado en colaboración con Ahtziri Salazar en talleres online, tales como, Nuestros cuerpos como sistemas vivos en continuo tránsito atravesados por las fuerzas del mundo (octubre, 2024) o el próximo ciclo Hacia nuevas posibilidades desde los procesos de transfiguración materna: prácticas artísticas, activismos y pensamiento feminista desde México con artistas, colectivos, pensadoras y activistas desde Querétaro, Guadalajara (Jalisco), Apizacon (Tlaxcala), Hidalgo, Puebla, CDMX y Capulalpam de Méndez (Oaxaca).

“Agradezco y disfruto tener una formación transdisciplinar y una práctica creativa expandida y nómada. Desde los procesos de desarticulación feminista, sostengo y me sostiene la revolución de los cuidados y los afectos, la re–apropiación de nuestros cuerpos y la recuperación de las sexualidades como procesos de expansión del placer” –Ahtziri Salazar.

Aquí conversación:

Luisa– Querida Ahtziri, somos conocedoras de cómo todo el proceso de transparencia psíquica que se pone en marcha desde que nos atraviesan los procesos reproductivos –sin que esto tenga que reforzar identidades marcadas por esencialismos, ni biologicismos– despliega psico-bio-procesos (de alcance profundo) legítimos y pendientes de ocupar el espacio que merecen en lo público, en el pisco–cuerpo–social, como procesos que posibilitan auto–conocimiento y transfiguración. Psico–bio–procesos que han sido extirpados de los relatos macho-oficiales–alopáticos–mecanicistas. Negando que supongan una oportunidad, posibilidad y apertura dentro del proceso de despatriarcalización y desmantelamiento de la jaula normativa macho–patercentrada en la que hemos sido socializadas.

Sabemos que hemos asumido desde que llegamos al planeta Tierra todo un paquete de asignaciones e introyectos de género como parte inherente nuestra socialización como cuerpos-mujeres, pero que gracias a las dislocaciones que genera el análisis desde ejes feministas, hemos ido descubriendo que son (tales asignaciones&introyectos) estrategias para que sigamos asumiendo unos trajes identitarios que asumen (silenciosamente) la devaluación psico-política para seguir siendo mano de obra gratuita, silenciada, negada y sometida al todo el trabajo que necesita el macho-mundo para continuar con sus derivas de acumulación de capitales desde la normalización de psico-extractivismos.

Por favor, ¿podrías compartirnos qué es lo que se te ha ido revelando durante tu poderoso proceso de transparencia psíquica, el cual has ido atravesando hacia un cuerpo materno emancipado desde que comenzaste tu transfiguración como cuerpo reproductivo?

Ahtziri– Varias revelaciones han tenido lugar en este proceso, comparto aquí dos que han sido fundamentales:

– Mi cuerpo como lugar en el que se encarna la vida.

La experiencia de que mi cuerpo se convirtiera en hábitat de otro cuerpo, fue potentísima, crear un espacio literal y simbólico dentro de mí, para otro ser, me llevó a que mi propio cuerpo tomara su lugar en el mundo con amplitud. En mi cuerpo se desplegaba la abundancia, la cooperación y la reciprocidad, y sentir con tanta fuerza este cuerpo vivo en expansión, puso en evidencia la artifcialidad de las lógicas de carencia que se nos implantan como estrategia para volver nuestros cuerpos dóciles y obedientes. Experimenté mi cuerpo deseante, creativo, fui consiente de las fuerzas del mundo desplegándose a través de mi cuerpo para posibilitar y sostener la vida de mi cría, y mi propia vida.

Fue así que mi cuerpo se reveló como lugar en el que se encarna la vida y no solo por el hecho reproductivo, sino por el reconocimiento de éste como sistema de fuerzas vivas y de la vida como potencia creadora. Descubrí mi cuerpo como lo que en conversaciones anteriores hemos llamado, cuerpo fecundo, este cuerpo que se relaciona desde la abundancia, la apertura y el derramamiento, y dispone de todas sus fuerzas vitales para sostener los procesos de creación, re–conexión, re–configuración y regeneración, necesarios para atravesar sus propios tránsitos expansivos, evolutivos y emancipatorios.

Podría decir que poner el cuerpo para la creación de ese pequeñito cuerpo fecundo, que encarnan las crías que recién llegan a este mundo, y los procesos de transparencia psíquica que tuvieron lugar en este proceso, reavivaron las memorias primarias de ese estado de máxima potencia vital-creadora que experimenté cuando yo fui gestada y eso fue un catalizador para re–conectar con la vida que me habita y me sostiene.

Todo este proceso se puso en marcha con la llegada de la primera cría. Varios años después, el proceso de convertirme en madre por segunda vez fue mucho más complejo, y en medio de la pandemia y de duelos traslapados, tuvo lugar un dolorosísimo, pero poderoso proceso de transformación.

– La vulnerabilidad como espacio de des-identificación y apertura.

La intensidad y simultaneidad de los múltiples procesos de reconfiguración -corporal, identitaria, y de la vida misma- que se atraviesan cuando una se convierte en madre, te sumergen en crisis que te pueden romper. Yo me rompí, se resquebrajaron todas mis certezas, pero también mis corazas y eso generó en mí, un estado de profunda vulnerabilidad.

“Recupero la vulnerabilidad como elemento crucial de las experiencias maternas, entendiendo ésta no como un estado de indefensión o una posibilidad de riesgo, sino como un espacio de duda, desidentificación, incertidumbre, inacabamiento y apertura” –Ahtziri Salazar.

La vulnerabilidad me permitió experimentar en profundidad, la finitud del cuerpo y de la vida y tomar conciencia de la interdependencia y las necesidades de cuidados, mutuos y colectivos. Después vino una sensación de profundo malestar, dolor y extravío ante el sinsentido de las lógicas que están detrás de la expropiación de la vida, mismas lógicas que producen y administran la muerte. Se abrieron las compuertas de la rabia que por tanto tiempo había estado enjaulada y amordazada, y aunque no fue nada fácil navegar esos mares de lava, finalmente el fuego que me consumía devino en fuerza y rebeldía para resistir, NO AGUANTAR, sino resistir como existir libre y creativamente, como actuar colaborativamente para acabar con los procesos de domesticación y represión que se ejercen sobre nosotres.

“Ahí estoy ahora, a más de una década de que inicie mi proceso de transfiguración como cuerpo reproductivo, re–significando la maternidad como experiencia de interdependencia y vulnerabilidad, como un viaje sin retorno en el que los cuerpos están siempre en interrelación y en construcción, y las identidades permanecen en tránsito (...) Ensanchando mi ser para dar espacio a la complejidad, a la multiplicidad, y a la contradicción (...) Aprendiendo a existir desde lo más genuino, creativo, honesto y salvaje de mi ser, siendo guiada por la sabiduría de mi cuerpa y la de los seres vivos que me rodean” –Ahtziri Salazar.

Luisa– Tomando lo que comentas sobre el «proceso de transfiguración materna» en el que estás (estamos) millones de cuerpos maternos, pero sabiendo de su no legitimidad dentro de los circuitos contemporáneos (de su continua devaluación como “asuntitos biologicistas”) porque no pertenecen a la episteme válida del macho–mundo, sino que han sido procesos “de las mujeres, de las madres, de las abuelas”. Poca cosa. Muy lejos de ser reconocido su alcance, profundidad y afectación en la salud futura de la comunidad que nos sostiene y nos sostendrá. Muy lejos de ser considerados una fuente de conocimiento necesaria e irremplazable para el cuidado de la vida, y de los cuerpos que sostienen las vidas. Lejos de ser una episteme legítima.

Desde tu reflexión quirúrgica y atinada: ¿Consideras que las prácticas maternas (desde la consanguinidad, desde el entrañamiento psico-emocional o desde procesos de adopción) pueden ser consideradas grandes oportunidades de emancipación para todas/todes/todos más alla de las maternidades, como maneras de repensar el sistema-mundo? Como lugar que arroja luz y claridad para con ello ir desmontando todo el proceso de socialización, en el que nos fue metiendo este macho-sistema, desde que llegamos al planeta Tierra a través del cuerpo de nuestras madres –que a su vez, antes, habían llegado a través de los cuerpos de nuestra abuelas.

¿Pueden ser las prácticas maternas –como prácticas propias de lo que llamamos tecnologías de la vida– unos “modos de hacer” que permiten identificar estrategias para repensar el sistema macho-mundo fuera de la reproducción de dolor y opresión sobre todo tipo de identidades más allá de las maternidades?

Ahtziri– Considero que las prácticas maternas son un espacio complejo y paradojal. Claro que encuentro en ellas una enorme potencia emancipadora, así me lo ha hecho saber mi experiencia y la de muchas personas que maternan. La cuestión es que al ser el maternaje, un espacio vital, germinal, profundamente productivo y creativo, para quienes montan este macho mundo, bajo sus lógicas de dominación, colonización y expropiación de la vida, les resulta un punto neurálgico en su toma de poder, así se explica el saqueo brutal y sistemático de las fuerzas de quienes sostenemos la vida a través de las prácticas maternas.

Para montar el macho-sistema, ha sido indispensable desproveernos de nuestro poder, conocimiento, autoridad, redes y alianzas. Para montar tremenda faramaña que es el macho mundo, hace falta tremenda energía puesta en ello… así que se han apropiado de nuestras fuerzas, las han despojado de su relevancia política y las han puesto a su servicio.

Afortunadamente, las prácticas maternas están atravesadas intrínsecamente por las fuerzas de la vida, que son fuerzas emancipatorias per se. Los cuidados, la reciprocidad, el derramamiento, la vulnerabilidad, la ternura y la interdependencia que implican las prácticas maternas, son todas ellas prácticas necesarias y revolucionarias, prácticas que desafían las lógicas del macho mundo. Creo que es por eso que muchas personas que maternamos, una vez que hemos reconocido cómo la maternidad ha sido utilizada como dispositivo de control y dominación, también hemos encontrado en el maternaje, un espacio estratégico de resistencia.

“A mi, maternar me han dado mucho, pero honestamente, es evidente que maternar en las condiciones que lo hacemos, nos arrebata demasiado; sí muchas fuerzas vitales, pero también mucha explotación y agotamiento, sí mucha reciprocidad e interdependencia, pero también mucho aislamiento, sí mucha potencia, pero también muchas cargas que nos arrasan. A esto me refiero cuando digo que maternar nos coloca en un espacio “paradojal”. Sentir el cuerpo atravesado continuamente por fuerzas opuestas es agotador, y puede llegar a ser delirante. Pero al final no es la maternidad, la que es devastadora, sino las condiciones y la imposición de los trajes identitarios limitantes” –Ahtziri Salazar.

Fuera de romanizaciones y asumiendo estas contradicciones, encuentro que las prácticas maternas nos sitúan en un espacio con un espectro de visión y acción privilegiada, ya que desde este espacio producimos lo que llamas tecnologías de la vida. A través de las prácticas maternas sostenemos la vida de las crías, pero no solo eso: ponemos el cuerpo para crear día a día mundos más vivibles.

Por tanto, nuestra labor, al igual que la de todas las personas que sostienen la vida en sus múltiples formas y dimensiones, tiene un valor para todes, y una gran relevancia política. Producimos conocimientos, afectos, imaginarios y realidades que vamos compartiendo y tejiendo con otres, personas con anclajes identitarios, posicionamientos y devenires diversos, que les han llevado a compartir el deseo y la voluntad de construir nuevas formas de habitar el mundo.

Quienes maternamos tenemos la oportunidad de sostener una interacción profunda con las crías, con su sabiduría salvaje, su imaginación radical, su rebeldía y su energía vital. Las crías son una explosión de fuerza y ternura feroz, son en sí mismas dislocadoras del macho mundo, quienes maternamos, recibimos de ellas, inspiración, guía y acompañamiento amoroso que nos fortalece para resistir. Ademas, cuando dejamos de llevar a cabo la domesticación de las crías (una de las principales funciones que se nos ha impuesto) estamos cortando eslabones claves en la cadena de la reproducción del sistema colonialista-patriarcal.

Como mencioné en la respuesta anterior, los procesos de transfiguración materna nos han permitido a muchas personas tomar conciencia de nuestra condición compleja, vasta y mutante. Estos procesos también han revelado la artificialidad de las macho ficciones que se nos presentan como realidades inamovibles.

A su vez, la politización de las prácticas maternas, estrechamente ligada a esta transfiguración, nos impulsa a reivindicar el valor de nuestro trabajo, reconociéndolo como punto clave en el desmantelamiento del macho mundo. De este modo nos posicionamos como personas con la libertad, la autoridad y la capacidad plena de producir nuevos imaginarios, generando estrategias para construir las vidas que queremos vivir, y los mundos que queremos habitar.

Luisa– Muchísimas gracias querida y hermosa, Ahtziri. Seguimos, juntas, construyendo nuestros propios futuros. Mi profundo agradecimiento a las diosas feministas –y a los otros órdenes que nosotras conocemos– que nos van cruzando a las unas con las otras en este tránsito vital para ir recordando todo lo que somos, desde la complejidad de nuestros procesos de transfiguración materna.

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