“Las experiencias del cuerpo se intensificaban bajo un lente más observador y catalizador; la crianza de mis 3 hijxs me llevó a replantearme si el arte tenía un valor de transgresión real, más allá de los juegos de poder dentro del cubo blanco y las validaciones mercantiles del objeto de ornato. Mi obra se lleno de preocupaciones e interrogantes sobre la convivencia y la anulación de los deseos personales de la mujer (convertida en madre)” -Alexia Miranda (El Salvador) en MADC Museo de Arte y Diseño Contemporáneo Costa Rica + Museo Arte Contemporáneo de Querétaro.
Obra cabecera: “Man is the measure of all things” (El hombre es la medida de todas las cosas)” (2010) por Alexia Miranda. Capturas vídeoperformance.
Conversamos con la artista, gestora cultural y docente, Alexia Miranda (El Salvador, 1975) e impulsora de Plataforma Catapulta y BocetoLabCreativo, a partir del texto Cuando mi cuerpo comienza: ¿puede ser el cuerpo un dislocador de las narrativas que nos enjaulan dentro de las tramas blanco-pater-opresoras? ¿Es el cuerpo una herramienta reveladora del trabajo pendiente de despatriarcalización para soltar las cadenas?. Notas sobre las pistas emancipatorias que los regala la práctica de Alexia Miranda (Luisa Fuentes Guaza, MADC. Agosto, 2023) el cual formó parte de la publicación/catálogo en papel sobre la exposición retrospectiva acerca de su trabajo titulada Destejer la memoria. Alexia Miranda en MADC Museo de Arte y Diseño Contemporáneo Costa Rica (17 agosto a 4 noviembre 2023) curada por Pancho López; la cual, también, fue programada, el pasado febrero, en el Museo de Arte Contemporáneo de Querétaro (Secretaría de Cultura del Estado de Querétaro).
A continuación os compartimos el texto (citado arriba) donde vamos intercalando una conversación con Miranda, situada en el contexto salvadoreño donde reside, acerca del proceso de movilización/revulsión materno-vital-artístico que le atravesó como cuerpo materno:
Hace años que llegué al trabajo de Alexia Miranda. Llegué y me paré un buen rato a entender. Disfrutando de sus planteamiento, y de cómo funciona el cuerpo en sus hipótesis artísticas emancipadoras. Desde ahí, desde un cuerpo que se erige como herramienta de movilización de las otras, me gustaría compartir este proceso de buceo en varias de sus piezas, acciones y programas colectivos, a lo largo de su trayectoria, donde nos hemos ido entrelazando, cruzando y generando horizontes comunes.
En Miranda el cuerpo es un dislocado de toda la trama blanco-macho-pater opresora que hemos normalizado todas las identidades que devenimos de procesos de socialización anclados en ser-para-otros[1]. El cuerpo en su práctica- aparece como revelado de las inercias inoculadas, silenciosamente, sobre nuestros cuerpos-mujeres para mantenernos sometidas a unos ejes no son los nuestros.
Lo que abre la pregunta, como parte del proceso amplio de desarticulación feministas en el que estamos, sobre cómo el patermacho-sistema genera unos espacios de dominación demasiado estrechos para que podamos desplegar nuestras potencias y fuerzas vivas. Demasiado poco espacio para poder desarrollar nuestras singularidades identitarias. Ya, la pensadora, Ochy Curiel, en La Nación Heterosexual (2013) nos desgranó cómo las estructuras de dominación patriarcal han estado sujetas a la obligatoriedad identitaria basada en una práctica afectivo-sexual heterocentrada, la cual reproducía/reproduce espacios en los que se van reduciendo las posibilidades vivibles.
Luisa- Una vez que fuiste madre: ¿te sentiste excluida de la escena artística salvadoreña?, ¿has sentido que todo tu proceso como cuerpo materno ha generado que perdieses capital simbólico respecto a la escena centroamericana?
Alexia Miranda: El proceso de maternidad provocó en mí una catarsis de experiencias vulnerables que me abrió a nuevas maneras de comunicar desde el cuerpo mí feminidad y humanidad. Me sentía mitológica, con poderes alquímicos con solo observar los procesos biológicos que me habitaban. Sin embargo el proceso de domesticación fue muy doloroso. Después de una catarsis como el parto y el nacimiento de un nuevo Ser, volver a la rutina e insertarse en el medio laboral es un reto para cualquier madre. El gremio artístico no es la excepción. Los temas de interés curatoriales vienen condicionados con una demanda mediática específica. Al inicio de los años 2000, la gente en El Salvador solo quería hablar de los problemas sociales de las pandillas, a nadie le interesaba adentrarse en el mundo sensible de una mujer explorando sus procesos psico- corporales, analizando los fenómenos de aprendizaje de nuestra sociabilidad y comunicación primaria al venir al mundo.
Me adentré a estudiar psicología transpersonal enfocada en la piscología del cuerpo de Wilhem Reich y educación preescolar Montessori, líneas de pensamiento que pedagógica y académicamente me nutrieron de asombro hacia la compleja individuación de la personalidad humana y ante el misterio ontológico de la vida, desde allí produje mí primera video performance "Espacio Vital" 2002 y piezas que siguieron como : "Tedio, Lo Extra ordinario" premiada con Glifo de Oro en la Bienal de Arte Paiz (2005) por el ojo de un jurado internacional, posterior surgió la serie “Domestícame" entre los años 2006 y 2009 como manifestación hacia la inconformidad de los modelos impuestos socialmente para coexistir en familia y en roles de género obsoletos y absurdos.
Definitivamente mí trabajo era un ente extraño para el medio local, y pocos me abrieron las puertas. Entonces decidí generar mí obra de performance en formato audiovisual y enviarla por correo a otros países para abrirme espacio en certámenes y encuentros de visibilidad internacional, en El Salvador siempre me sentí como "outsider".
Miranda ahonda en esta problemática: cómo el cuerpo-mujer-histórico se tiene que acoplar a unas escalas que no son las propias, y asumir todo un proceso de domesticación y jerarquización, donde unos cuerpos se alzan sobre otros, como relató en la acción –a partir de dinámicas grupales- titulada “Man is the Measure of all Things [El hombre es la medida de todas las cosas]” (2010).
Aquí el cuerpo macho-hegemónico se coloca como medida desde la cual proyectar todos los aparatos normativos. Todo se desarrolla a partir de sí-mismo. Lo cual nos aterriza en lo que planteaba la arquitecta feminista, Zaida Muxí, en “Mujeres, casas y ciudades” (2018). Cómo la práctica arquitectónica contemporánea occidental parte de un cuerpo-neutro-ficticio, muy lejos del cuerpo-mujer atravesado por bio-procesos, que a su vez asume socio-históricamente el sostén de la vida por la asignación de género.
“Man is the Measure of all Things [El hombre es la medida de todas las cosas]” 2010, visibiliza el intenso aplastamiento andro-macho-céntrico sobre todos los cuerpos no ajustados a una estructura identitaria de dominación. Donde toda identidad, todo cuerpo, todo ser viviente, se tiene que adaptar a unas identidades psico-esclavas[2] sometidas al machopater-sistema. Naturalizando tener que desperdiciar parte de nuestra despensa psico-energética en procesos de adaptación a monolitos falocráticos, como nos diría Luce Irigaray.
El cuerpo -nuestro cuerpo-mujer-histórico– acumula sobre el mismo, toda una psico-sedimentación-psíquica, que hace que entremos en lugares de devaluación, negación y violencias sin apenas ser muy conscientes de ello. Asumiendo que forman parte de la identidad devaluada que nos ha sido asignada.
Luisa- ¿Qué te ha mostrado tu práctica materna que a su vez, sientes, que ha enriquecido a tu práctica artística?
Alexia Miranda- La maternidad me sensibilizó más a habitar mí cuerpo con mayor consciencia, me llevó a situar la mirada adentro y afuera del cuerpo. En el 2002 presentaba proyecciones de ultrasonografías en diapositivas de mí primer hijo dentro del vientre en uno de mis primeros performances in situ en la Luna Casa y Arte. Las experiencias del cuerpo se intensificaban bajo un lente más observador y catalizador, la crianza de mis 3 hijxs me llevó a replantearme si el arte tenía un valor de transgresión real más allá de los juegos de poder dentro del cubo blanco y las validaciones mercantiles del objeto de ornato. Mi obra se lleno de preocupaciones e interrogantes sobre la convivencia y la anulación de los deseos personales de la mujer (convertida en madre) para lograr las responsabilidades que demanda la crianza de los hijos que debería de ser compartida pero en mi caso fue un acto bastante solitario.
Entonces y empecé a explorar la complejidad en los actos cotidianos tan simples como cocinar y cortar un cebolla como fue el caso de "Recetas de Cocina Para Los Tiempos de Hambruna", buscando metáforas ante la monotonía y la sobre carga de trabajo de género. En el 2011 junto a mi colega fotógrafo Rodrigo Dada creamos una plataforma cultural lúdica que acercara el arte contemporáneo al público de todas las edades, "Catapulta, Plataforma Cultural Multidisciplinaria".
Fue gracias a los eventos que por varios años consecutivos llevamos a cabo el último Domingo de cada mes en el Museo MARTE , que yo pude integrar a mis hijos a ser partícipes de obras de arte que tenían la finalidad de incentivar al público a crear, colaborar en equipo, resolver problemas, ingeniar la mejor manera de comunicar una idea, reflexionar y a la vez divertirse creando expresiones artísticas contemporáneas de la manera mas juguetona y sana.
Tales violencias naturalizadas las encontramos en Reflexiones sobre algunas dinámicas de interacción[3] (2011), donde Miranda narra las continuas agresiones que reciben nuestros cuerpos, por parte de un sistema de vigilancia político-social/bio-manejo que nos agrede de manera falo-paternalista, es decir, nos castiga y nos consuela. Generando en nuestros cuerpos un pérdida de foco vital, entrando en la imposibilidad de desarrollo de nuestras plenas capacidades desde la totalidad de las fuerzas y potencias propias que nos permitiría afrontar el vivir/sentir desde corpo-experiencias propias no-domesticadas. En su lugar, transitamos un estado continuo de recolocación permanente que imposibilita dimensionar nuestro corpo-poder en plenitud, en su despliegue extenso, y nos mantiene en un estado reactivo, que debilita y arrincona las posibilidades de ser.
Esta pieza nos revela la permanente respuesta reactiva que hemos normalizado como cuerpo-mujer, ante un sistema turbo-capitalista-extractivista que nos niega identitariamente. Lo cual ha generado, y genera, continuas estrategias de defensa psíquica, que tiene como resultado un endurecimiento de los obstáculos de la subjetividad, dentro del irremplazable proceso de acceso a nuestro saber-de-lo-vivo con el fin de protegernos del efecto tóxico del trauma. Tal y como señalaba la pensadora, Suely Rolnik, en una entrevista en 2019: “Para que el neoliberalismo pueda consumar su poder global es necesario producir una subjetividad identitaria, conservadora, mantener una parte de la sociedad totalmente tomada, con la subjetividad totalmente disociada de la experiencia vital”.
En Miranda, el concepto de corposoberanía se despliega en su práctica en muchos momentos, más allá de Reflexiones sobre algunas dinámicas de interacción (2011), como artista/activista y docente. Encontramos un interés constante por generar procesos de legitimación de los sentires, pulsiones, deseos, corpo-saberes y corpo-aprendizajes desde cuerpos/cuerpas históricamente devaluadas que ansían erigirse como hacedoras de emancipación de sí mismas y de sus contextos situados. Marcados por la indisociabilidad del cuerpo respecto al lugar donde se activa la acción.
Armando –gesto a gesto- un amplio andamiaje para el desarme de las falo-narrativas inoculadas por el constructo pater-blanco-colonial-capitalista, el cual niegan los procesos de emancipación de las corporalidades, de las cuerpas diversas, como estrategia para poder seguir expropiando nuestras fuerzas vitales.
Con ello poder ir desmantelando las corpo-políticas-de-dominación por parte del patermacho-estado, responsables deintroyectar unas identidades donde se asume la pérdida de poder neurofísico-político. A partir de unas asignaciones que refuerzan la mitologización del cuerpo-mujer como cuerpo-dudoso-perecedero. Dominación que se sigue alimentando -hoy día- de la opresión que genera la división sexual del trabajo reproducida por millones de cuerpos, como nos diría la feminista autónoma, Silvia Federici, en “Revolución en punto cero” (2012).
Luisa- ¿El encierro en el espacio doméstico durante la primera crianza, intensificó tus investigación sobre toda las opresiones naturalizadas por el cuerpo-madre?
Alexia Miranda- Indiscutiblemente, el espacio doméstico me llevo a reflexionar en la opresión de género, surgen obras como "Casa de Muñecas" (2006) donde aparecen 32 muñecas manipuladas e intervenidas o más bien violentadas con materiales domésticos, todos los bordados sobre servilletas que hice. Mi libro de poesía bordada sobre papel toalla "El Ayer Nos Deja" (2008). Miles de dibujos obsesivos de los objetos que me rodeaban en casa como: pañales, biberones, tenedores, cucharas, elaborados con plumilla sobre moldes de cocina para cup cakes; en ese entonces perforaba paredes con clavos negros "Vínculos de Tensión y Dibujo con Mis Perforaciones” (2007) vinculaba los clavos haciendo nudos con hilo dental transparente y jugaba con las sombras, pasé muchos años canalizando las opresiones del cuerpo-materno-social cuestionando los roles impuestos por sistemas patriarcales.
Nunca estuve en desacuerdo con ser madre, siempre he honrado el milagro de la vida y mis tres hijos son seres maravillosos que disfrute ver crecer en todas sus etapas, me llenan de plenitud y amor incondicional, pero siempre estuve en pugna contra las formas impuestas por una sociedad opresiva para obligarnos a adaptarnos a un sistema enfermo.
También vemos cómo este planteamiento -el cuerpo como dislocador de la jaula normativa macho-opresora– permea, también, parte de sus acciones en espacios públicos como futuribles jurídicos.
Acciones en un contexto donde lo público vive una continua negación como espacio de poder comunitario. Como espacio donde poner en práctica la emancipación del cuerpo-histórico mujer –como cuerpo subalterno. O como nos diría la filósofa feminista, Seyla Benhabib, lo público como espacio para la articulación de la aspiración de autonomía o como lugar de búsqueda de la pluralidad de la vida humana.
Esa aspiración emancipadora, ese impulso para poder ocupar con plena legitimidad democrática el espacio público, lo encontramos en el conjunto de acciones que integraron el programa de Tejido Colectivo (2015) -sobre el cual reflexionamos en la publicación San Salvador: Primavera silenciosa comisionada por la Colección Patricia Phelps de Cisneros (CPPC) (2015).
Dicho programa fue impulsado por la plataforma Catapulta fundada por Miranda junto a Rodrigo Dada. La cual nació a partir de investigaciones sobre Espacio-ordinario/Espacio-extraordinario. Proponiendo un re-planteamiento del uso del espacio público de San Salvador, y siendo un colectivo imprescindible en la configuración de las artes performáticas salvadoreñas, con propuestas, tales como, la Convocatoria Nacional de Arte Acción (2007-2009)-.
Además, desde esta plataforma se impartieron talleres como parte del programa internacional Redes en permanente construcción dirigido por los artistas Jorge Restrepo y Gabriela Alonso, rescatando la premisa propuesta por Lygia Pape en la performance Divisor (1968): reconexión social desde lo público. O Dibujar sin ver (2011) para activar el acceso a todos los públicos a nuevos lenguajes contemporáneos en el Museo de Arte de El Salvador (MARTE).
Miranda se posiciona en lo público como lugar de nuevas corpo-epistemes, corpo-lenguajes, corpo-posibilidades. Lo vemos tanto en el programa de Tejido Colectivo (2015) como en Reflexiones Sobre la Ética (2008) o Reflexiones Sobre Fragmentos de Un Discurso Amoroso –acción ejecutada en El Salvador (2009), Chile (2010) y República Dominicana (2011)-. Enunciando lo público como lugar desde donde se movilizan posibles estrategias para alcanzar la emancipación de todas las identidades devaluadas. Como lugar de acceso a lo democrático.
Su práctica en el espacio público está impregnada de un impulso –perseverante- que reivindica la propia corposoberanía. El cuerpo como lugar desde el que se activa toda práctica emancipadora. El cuerpo como acceso a la práctica democrática. El cuerpo como continuo proceso de re-apropiación. Como modo de hacer que posibilita la auto-indagación de las psico-inercias devaluadoras asumidas.
[1] Para la psicoanalista francés, Luce Irigaray, en “The Question of the Other” (1995) el proceso de socialización de la identidad cuerpo-mujer, condicionado por cultura falogocéntrica, está marcado por la articulación identitaria desde el constructo “ser-para-otros”, frente a cuerpo-masculino que se configura desde el “ser-para-sí-mismo” e incorpora los procesos de auto-abastecimiento psico-energético desde la infancia.
[2] Para seguir ahondando en las tramas que posibilitan que continuemos entrando en identidades donde se naturaliza la psico-esclavitud, recomiendo el ensayo ¿Por qué permitimos el extractivismos sobre nuestros cuerpos maternos?. Páginas 22-27. Publicado en la revista No hay solistas de Centro Huarte Arte Contemporáneo – Arte Garaikide Zentroa en colaboración con Consonni.
[3] Reflexiones sobre algunas dinámicas de interacción (2011) formó parte del proyecto expositivo, y programa público, Corposoberanía, recuperar lo que siempre fue nuestro presentado en marzo de 2020 en el Centro Cultural de España de El Salvador (CCESV). Reflexión sobre prácticas artístico/activistas dentro del proceso de lucha por los Derechos Sexuales y Autonomía/Soberanía Reproductiva en Centro América –como granito de arena por la legalización del aborto– como práctica emancipatoria libre, gratuita y segura. En esta propuesta, la cual formó parte Miranda, rescatamos el lema de Amnistía Internacional dentro de la Comisión por los Derechos Sexuales y Reproductivos: “Sea quien sea y viva donde viva, las decisiones que afectan a mi cuerpo deberían ser mías”.

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