“(…) hablar y vivir el cuerpo desde la agencia, es un reto, algo para lo que no hay palabras, no hay espacios, no hay palabras. Ese es el punto de partida habitual. Desconocimiento de, en este caso, ciclos menstruales y edad fértil, falta de espacios para conversar, libros que leer (no hablemos desde la educación formal). Desde muchos lugares del feminismo incluso, como no queremos cargar las tintas en el biologicismo y hemos pecado en algunos casos de exceso de constructivistas (así lo sentí yo al confrontarme con mi proceso), también hemos generado vacíos”. Silvia Nanclares

Obra cabecera: Julie, Den Haag, Netherlands, February 29 1994 de Rineke Dijkstra

Converso con la escritora, editora, feminista y posibilitadora de contextos, Silvia Nanclares (Madrid, 1975), autora de la potente reflexión Quien quiere ser madre (Alfaguara, 2017) en la que indaga sobre el proceso en el que se sumerge un cuerpo impulsado por su deseo de sentirse atravesado por la gestación, como cuerpo gestante. Ahondando en los límites físicos, deseos y conflictos ante un sistema de normatividad de una infinitud física que nos niega como cuerpos temporales.

Además Nanclares es autora de los imprescindibles cuentos infantiles, Al final (2010), junto a Miguel Brieva, y La siesta (2000).

Luisa- ¿Quién quiere ser madre?, ¿qué te ha revelado tu maravilloso libro “Quién quiere ser madres Alfaguara” (2017) sobre nuestros deseos más remotos?

Silvia- En primer lugar, yo quería ser madre, es una novela autobiográfica y el yo (con todos sus riesgos) queda muy expuesto. Pero enseguida vi (ya durante la escritura del libro lo había detectado) que esa primera persona resonaba con otras muchas mujeres de mi generación y más jóvenes. Mujeres que quieren y no pueden ser madre (por diferentes circunstancias: sociales, económicas, biológicas) y que habían quedado un poco eclipsadas por el a veces un poco superficial relato de las NoMos (no hablo de ellas si no de la figura creada mediáticamente, la categoría). Ahí había silencio, tabú, miedos… Y eso es oro para una escritora.

Lo que me ha revelado el libro es precisamente esa constatación, que hay un montón de mujeres de mi edad en la misma situación que la prota de la novela y otras más jóvenes que están decidiendo, tal, vez, no esperar. También he aprendido que una no sabe los límites (autoimpuestos) que está dispuesta a traspasar, y hablo en mi caso concreto sobre la ovodonación, aunque esto trasciende los ue se narra en el libro, pero para mí la conversación ha seguido abierta con muchas lectoras a partir del libro. Eso ha sido fascinante también.  

Luisa- ¿Podrías ahondar más en esos silencios, tabús y medios?, ¿no crees que nombrarlos y sumergirnos en ellos es una poderosa estrategia para desmontar todo eso que escondemos, o como bien tú designas, una eficaz manera de “sacar del armario” esas vergüenzas, pudores y dudas las cuales son el síntoma de la disciplina social en la que estamos metidas? 

Silvia- Para las mujeres cisgénero (no sé si tanto desde la experiencia de las mujeres trans, ya que la transición o el cuestionamiento de la identidad de género representa en sí misma un proceso de reflexión y agencia hacia el cuerpo muy potente) hablar y vivir el cuerpo desde la agencia, es un reto, algo para lo que no hay palabras, no hay espacios, no hay palabras. Ese es el punto de partida habitual. Desconocimiento de, en este caso, ciclos menstruales y edad fértil, falta de espacios para conversar, libros que leer (no hablemos desde la educación formal). Desde muchos lugares del feminismo incluso, como no queremos cargar las tintas en el biologicismo y hemos pecado en algunos casos de exceso de constructivistas (así lo sentí yo al confrontarme con mi proceso), también hemos generado vacíos.

Cualquier movimiento hacia la palabra, el nombrar las experiencias, las creencias, los deseos, las dudas, las necesidades, es una estrategia que, independientemente del impacto que tenga (desde averiguar en qué punto del ciclo se produce tu ovulación hasta organizarte para organizar un grupo postparto en tu centro de salud en caso de no haberlo), va a generar movimiento hacia la agencia, toma de conciencia y libertad personal y compartida.  
 
Luisa- ¿Esos límites (auto-impuestos) pueden tener uno de sus anclajes en la negación de la finitud física, en la negación de ser un cuerpo que puede morir, en la negación del límite en términos de proyección neoliberal?

Silvia- El otro día me hablaba una compañera de un grupo de Maternidades y literatura del que formo parte de la pinza entre el espejismo de la omnipotencia y la falta de poder en el que muchas mujeres nos construimos y nos sentimos atrapadas. Creemos poderlo todo (y esto desde la relación entre el cuerpo y el ámbito de lo laboral, por ejemplo, es brutal) pero nos experimentamos “en falta” desde la experiencia del poder (y de agencia, consiguientemente, de organización…). Creo que esto es clave para nuestra vivencia de la reproducción, de las maternidades, de la crianza. Y el corazón de esa omnipotencia está la negación de esa fragilidad y finitud que tú apuntas.

Luisa- Pensando en lo que dices, creo que una de las patas del andamiaje que nos hace sentirnos y asimilarnos desde estructuras de omnipresencia en lo relacionado con el trabajo materno, que también sería extensible a cualquier otra etapa en la que el cuerpo se vea atravesado por un proceso encarnado, sería el adiestramiento -contrario al agenciamiento del cuerpo que propones- desde donde vivimos todo lo relacionado con la reproducción social asimilándonos como cuerpos masculinizados.

Llevamos toda la vida buscando, desesperadamente, encajar en unas construcciones identitarias imposibles, que nos han hecho vivirnos, siempre, en una especie de negación perenne, donde nunca éramos merecedoras de la aprobación del amo (y ya sabes que utilizo “amo” desde la posición de Nancy Fraser como sistema de jerarquiza y oprime). ¿No crees, Silvia, que el movimiento de emancipación de las maternidades pasa, irreversiblemente, por aceptar nuestras carnes, sus saberes y sentires, nuestros bioprocesos y nuestros dolores encarnados?

Silvia- (respuesta en proceso)