“El cuidado de la infancia en los hogares: un trabajo esencial e invisible durante el confinamiento”. ¿Será este el momento para incorporar en las políticas públicas españolas la merecida prestación universal por menor a cargo implementada en casi la totalidad de Europa para reconocer la dimensión monetaria de los trabajos de cuidados invisibles en la cuantificación capitalista?

Obra cabecera: Les Goddesses (Las diosas) (2011) de Moyra Davey

Aquí el texto publicado en Salto Diario donde abordo la aplicación durante esta crisis sanitaria de políticas de emergencia macho-circundantes pero no para cuerpos que cuidan y cuerpos que necesitan ser cuidados.

Renta mínima de emergencia, sí, pero los trabajos de cuidados de la infancia en el espacio doméstico de manera no externalizada, gratis.

¿Habrán sido negados los derechos fundamentales de la infancia por la devaluación por parte de las políticas públicas españolas de los trabajos de cuidados o trabajos maternos los cuales son asumidos por cuerpos “mujeres” en un 95% en el Estado Español?

¿Infancia arrasada durante esta crisis sanitaria por las políticas falopaterestado que niegan/devalúan los trabajos maternos o trabajos de cuidados por el macho-lío-patriarcal que arrastramos de no poder cuantificar de manera económica los trabajos maternos cosa también apoyada por el feminismo de la igualdad?

Me asalta la duda de si el debate interno por parte del Gobierno y Ministerio de Sanidad para flexibilizar el confinamiento donde se equiparan las necesidades no prioritarias de lxs adultos –la posibilidad de hacer deporte cerca de sus domicilios- a los derechos fundamental psicofísicos de la infancia, corresponde a un histórico postfascista que no logramos resolver. Una tradición macho-circundante donde impera la lógica de que las necesidades del paterfamilias -el que está asalariado mayoritariamente- están por encima del resto de cuerpos.  Alimentando las ficciones del turbocapitalismo en su culto al autodisciplinamiento físico. Es decir, si no produces no tienes significación política, y como la infancia “no produce” se niegan sus necesidades reales contingentes.

Nota: el uso del constructo "mujeres" o su aforismo "cuerpo-comunidad-femenino" hace referencia a una identidad socio-histórica sedimentada sobre cuerpos en los cuales recae una pérdida de poder neurodominante, pérdida de poder político, rasgos de esencialización/mitologización, opresiones diversas generadas por las falológicas impuestas por el paterestado y asignaciones forzosas identitarias relacionadas con trabajos devaluados (íntimamente imbricados con el cuidado y lo doméstico) insertados en la práctica social desde la separación sexual del trabajo en el medievo (comienzo del protocapitalismo). 


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