¿Estamos atravesando una transición paradigmática o cambio de paradigma sobre todo lo relacionado con el trabajo materno o reproducción social?, ¿estamos siendo parte de un proceso de dislocación del trabajo materno?

Obra encabezado: Entrevidas (1981) Anna María Maiolino

Perfomance realizada MOCA 2017.

“La maternidad no existe, porque está restringida a lo biológico (concepción, embarazo, parto y crianza). Se le niega su dimensión humana, su proyección económica, política y social” Victoria Sau (El vacío de la maternidad, 1995).

A partir de la identificación de unas demandas generacionales que están atravesando nuestro sentir, Futuridades maternales propone la apertura de un debate crítico sobre la visibilidad, dignificación, re-significación y cuantificación del conjunto de actividades que configuran lo denominado como reproducción social o trabajo materno junto a las problemáticas que suscita en la teoría crítica feminista.

Situado a partir de los postulados del feminismo autónomo (Federici y Dalla Costa) en un contexto postidentitario, antinaturalista, no-racializado, no-esencializado que apuesta por la articulación de un territorio futurible en el que se incluyan todos los sentires y necesidades de los distintos cuerpos –cuerpos-gestantes y cuerpos sostenedores- que asumen la tarea del trabajo materno desde la emancipación, no desde el refuerzo de los roles de género, proponiendo modelos no-normativos de reproducción social. Con ello subvirtiendo la carga histórica de naturalización desde la sumisión que se acumula en el constructo socio-histórico-cultural “cuerpo-comunidad-femenino” relegado al trabajo reproductivo desde la división sexual del trabajo en el medievo, unido al reconocimiento político de los bio-procesos de aprendizaje y bio-necesidades que atraviesan a los distintos cuerpos-gestantes y cuerpos-sostenedores que menstrúan[1], gestan, paren, apegan incialmente, lactan y sostienen, sin que por ello estemos hablando de esencialización ni de mitologización de la feminidad. 

El trabajo materno reivindica insertar estos bio-procesos y bio-necesidades desde la autonomía de los cuerpos no reforzando roles de género dado que apostamos por la abolición de la designación binaria identitaria.

Asumiendo la desarticulación identitaria de las actividades relacionadas con el trabajo materno, naturalizadas históricamente, para desmontar el “cuerpo-comunidad-femenino” como construcción donde se acumulan narrativas de culpa, devoción, autocensura y sacrificio en la cual el cuerpo-gestante está ubicado como útero del engranaje Estado-Nación y a su vez sometido a vigilancia y control patriarcal a partir de toda una serie de tecnologías públicas (psico-sanitarias, educacionales y sociales). Apostando por  la proyección de diversas configuraciones[2] sociales del trabajo materno a partir de formatos donde se expanda la familia nuclear, superando la lógica patercentrista del vínculo sanguíneo[3] como frontera excluyente de lxs otrxs.

Reconociendo la urgencia del reconocimiento a nivel político e económico de todo el conjunto de actividades para el sostén de las criaturas como punto de arranque de la producción de las fuerzas de trabajo del sistema.

Abriendo un debate necesario, dada la poca receptividad de estas problemáticas en centro de enunciación contemporánea, situando al trabajo materno como lugar de crisis. Un lugar que ha de ser abordado para precipitar un activismo teórico que se coloca como parte de un proceso más amplio, de cambio de paradigma, sobre cómo manejar toda la cuestión de la reproducción social en el contexto de las sociedades actuales y de los espacio de crítica activa.

Reconociendo la urgencia del reconocimiento a nivel político e económico de todo el conjunto de actividades para el sostén de las criaturas como punto de arranque de la producción de las fuerzas de trabajo del sistemaAbriendo un debate necesario, dada la poca receptividad de estas problemáticas en centro de enunciación contemporánea, situando al trabajo materno como lugar de crisis. Un lugar que ha de ser abordado para precipitar un activismo teórico que se coloca como parte de un proceso más amplio, de cambio de paradigma, sobre cómo manejar toda la cuestión de la reproducción social en el contexto de las sociedades actuales y de los espacio de crítica activa.


[1] “La patologización del cuerpo femenino es un eterno en la práctica médica y en la consideración cultural occidental” por Erika Irusta (Bilbao, 1983) en Yo Menstrúo: un manifiesto (2018). Entrevista eldiario.es

[2] Partiendo del texto “Si los hombres menstruaran” (1978) de Gloria Steinem pensar en cómo podrían ser estas posibles configuración sociales con una dimensión institucional más allá de la tribu, del sistema familiarista o de formato de familia nuclear a través de un ejercicio de proyección de un retrofuturo patriarcal donde fuese el bio-cuerpo-hombre el se viese atravesado por los bio-procesos de aprendizaje -mestruación, gestación, parto, apego inicial, lactancia y sostén-. ¿Habría un Ministerio público sólo para ahondar en los bio-procesos del bio-cuerpo hombre?, ¿estaría sacralizada la gestación y todo lo relacionado con los cuidados tendría un complejo sistema de elaboración para que no recayera más trabajo sobre el cuerpo-gestante? O como señala Steinem, el Congreso habría diseñado un “Instituto Nacional para la Dismenorrea” cuyo objetivo sería paliar los dolores pre-menstruales. ** “Si los hombres menstruaran” (1978) de Gloria Steinem ha sido traducido y publicado por primera vez en español en Yo Menstrúo: un manifiesto (2018).

[3] “(…) desfamiliarizando a la familia biológica o nuclear para refamiliarizar redes alternativas de solidaridad e intimidad, de manera tal que estas últimas se vuelvan más abarcadora y estén al alcance de la mayoría de personas posibles, sin necesidad de hacer en la trampa de reproducir lo mismo” Helen Hester (Xenofeminismo. Tecnologías de género y políticas de reproducción, 2018).