“Las criaturas no necesitan un cuerpo, necesitan el cuerpo y la presencia de su madre. Decirlo ahora mismo es políticamente incorrecto. Creo que estudiar y comprender nuestra biología mamífera resulta liberador, al contrario de lo que piensan algunos feminismos. La biología está para ayudarnos, para que la reproducción y la crianza sean placenteras y saludables. Lo que hace el patriarcado es arrasar con esa biología y ese conocimiento, siembra la carencia y ahí ya tenemos el mercado creado”. Ibone Olza

Obra cabecera: Maternidad, Juchitán, México (1986) de Graciela Iturbide.

Converso con Ibone Olza, psiquiatra infantil y perinatal, madre y activista. Una de las principales voces en España que reivindica la centralidad de las bionecesidades de las criaturas y de las madres (que aquí llamamos cuerpos gestantes y/o sostenedores dada nuestra propuesta o futurible por unas maternidades en contextos postidentitarios).

Su práctica tiene como horizonte generar unas verdaderas condiciones para la igualdad a partir del desarrollo sano/respetado de las actividades propias a la reproducción social. Autora de “Parir. El poder del parto” (2017), entre otras publicaciones.

Olza reclama, sin complejos, a partir de la evidencia científica -tan admirada en nuestro sistema eurocéntrico- la incorporación en los imaginarios feministas del cuerpo biológico, afirmación que genera verdadera repulsa en los feminismos hegemónicos españoles: feminismo de la igualdad y lesbofeminismo. Con ello incorporar a nivel político las bionecesidades de los cuerpos que llevan a cabo el trabajo de gestación y/o sostén.

Luisa- ¿Nos es muy evidente que el cuerpo que asume las tareas propias de la gestación y/o sostén es atravesado por procesos encarnados o bioprocesos o corpoexperiencias que no se pueden valorar ni medir desde los ejes de coordenadas del cuerpo patriarcalizado o lo que es lo mismo, del cuerpo que se asimila a partir de las lógicas de la masculinización, de la infinitud física, de la búsqueda del deseo infinito, la negación de la-otredad, la perpetuación de la mismidad del poder, etc?

Ibone- Me cuesta hablar de cuerpos, creo que somos mucho más que cuerpos, si hablamos de gestación prefiero usar la palabra madre. Si hablamos de como llegamos a la gestación tenemos que nombrar el contexto de guerra contra nuestros cuerpos en el que crecemos y nos desarrollamos obviamente. Que empieza con no aprender a nombrar y honrar nuestros genitales en la infancia, con aprender a retener la orina y pedir permiso para ir al baño desde muy niñas, de aprender desde muy pronto lo que significa ser gorda o fea, del mensaje de tener que depilar nuestros pelos, ocultar nuestras reglas y machacar nuestros cuerpos para lograr ese cuerpo único que nos venden. Incluso antes, empieza o por privarnos del cuerpo a cuerpo con la madre desde que nacemos. Creo que ni siquiera podemos alcanzar a imaginar que hubiera sido de nosotras de haber crecido en otros entornos no patriarcales.

Luisa- ¿Podemos hablar de la necesidad real de despatriarcalizar las lecturas de las dinámicas inconscientes pautadas durante todo el siglo XX por la experiencia mayoritaria del intelectuales hombre-blancobrugués-europeo neurodominante para transformar los significados en todo lo propio a la reproducción social?, ¿si el escenario social de vuelve más igualitario las dinámicas inconsciente también, no?. Con esto rescato lo que cuenta la psicoanalista Graciela Musachi en “Mujeres en movimiento. Eróticas de un siglo a otro” (2001).

Ibone- No sé a que te refieres con escenario más igualitario. Para mí mientras no pongamos en el centro las necesidades de cuidado de los bebés estamos lejos de comprender la igualdad.

Luisa- Cuando hablo de escenario más igualitario me refiero a un horizonte social donde todo el trabajo propio a la reproducción social no recaer en una asignación hecha de manera histórica sobre el cuerpo de las mujeres, donde el trabajo materno no está relacionado con el género.

Ibone- ¿Cuál es el trabajo materno?. A mí me gusta el concepto de principio materno que defienden Victoria Sau y Casilda Rodrigáñez, el implicarse en evitar el sufrimiento ajeno.

Luisa- Con “trabajo materno” me refiero al conjunto de actividades necesaria para el sostén de las criaturas, incluyendo el trabajo de gestación en aquellos cuerpos que además de sostener han llevado a cabo el trabajo de gestación. Serían cada una de las actividades propias al desarrollo y continuidad del sostén y que dada su continuidad en el tiempo, repetición y articulación como fuerzas productivas debe ser asumido en la categoría de trabajo.

Luisa- ¿Cómo puede ser que vivamos en un contexto donde se pone en duda -o se niega por parte de los feminismo blanco-hegemónicos- que las criaturas en su primera infancia (de los 0 a los 3) necesiten un cuerpo sostenedor continuo que asume esa responsabilidad profunda e irreversible?. Un cuerpo que pone su cuerpo para llevar a cabo ese sostén.

Ibone- Las criaturas no necesitan un cuerpo, necesitan el cuerpo y la presencia de su madre. Decidlo ahora mismo es políticamente incorrecto. Creo que estudiar y comprender nuestra biología mamífera resulta liberador, al contrario de lo que piensan algunos feminismos. La biología está para ayudarnos, para que la reproducción y la crianza sean placenteras y saludables. Lo que hace el patriarcado es arrasar con esa biología y ese conocimiento, siembra la carencia y ahí ya tenemos el mercado creado.

Luisa- ¿Es el control de los esfínteres en las criaturas una de las primeras estrategias patriarcales de control biopolítico?

Ibone- Creo que la primera estrategia es la separación madre recién nacido-a. Se produce de manera sistemática y generalizada, incluso ahora que se promueve el piel con piel, apenas se permite una o dos horas y siempre se encuentra razones para interrumpirlo. Se lava a los recién nacidos, se les viste y con eso se pierde parte de la brutal experiencia sensorial, especialmente olfativa, que conlleva el puerperio inmediato. Luego vienen la cuna, el chupete, el dejarles llorar, el pretender alimentarles siguiendo un horario o querer que duerman solos. Para cuando se llega al control de esfínteres el control del cuerpo, la domesticación y la sumisión ya pueden estar muy instaladas. En resumen, en vez de promover la autorregulación de la díada madre-bebé se promueve lo contrario: la ruptura temprana, la separación, etc. Con eso llega la carencia y el terreno para que los expertos externos digan como hay que comportarse, como hay que comer o dormir, cuantos abrazos o caricias se permiten, etc.

Luisa- Sobre lo que comentas de pensarnos en cómo seríamos sin esa jaula patriarcal en la que hemos crecido, el cuerpo de la madre, o el cuerpo sostenedor de la criatura, también podría comenzar a vivir la crianza desde el goce, desde un cuerpo no destinado únicamente al trabajo. ¿Podemos plantear crianzas gozosas y placenteras?

Ibone- Es que creo que es la única vía que nos queda. Al menos desde el feminismo, o apostamos por defender la crianza desde la elección y la apuesta por el goce y el placer o creo que seguiremos reproduciendo esquemas patriarcales con nuestras criaturas. Recuperar el placer mutuo como guía saludable no es fácil. A veces simplemente intentar respondernos a la pregunta de que me apetece o que me pide mi cuerpo ahora puede llevarnos meses, ¡incluso años!. Pero sinceramente creo que es el camino. Plantearnos que nos da disfrute o placer en la crianza no es fácil pues, pero el efecto suele ser muy potente, significa pensar que necesitamos nosotras como madres y que necesitan nuestras criaturas para estar bien, como vamos a pasarlo mejor o disfrutar más. La respuesta casi nunca es consumiendo o comprando, sino todo lo contrario: parando, haciendo menos o poco o nada, priorizando el descanso, la vagancia, la contemplación, las caricias o los cuidados a otros ritmos mucho más fisiológicos.

Luisa- Hablas que un verdadero horizonte de igualdad pone a las criaturas en el centro, ¿cómo puede ser que las feministas que están ahora en el poder, las hegemónicas, que viene principalmente de la tercera ola, y a las que les debemos mucho de sus luchas, no sean capaces de reconocer estas bionecesidades tan evidentes?. Y cuando se plantea implantar en España un sistema de políticas y apoyos para los cuidados de las criaturas semejante a las políticas de sostén alemán lo tildan despectivamente de “maternalista”, de sistema reforzador de los roles de género, cuando es muy sabido que en Alemania el debate de los roles de género en el cuidado está muy activo. ¿Qué pasa en España?

Ibone- Hay que ver de donde venimos y que muchos de estos cambios van a necesitar varias generaciones. Creo que hay que ver como nos criamos cada una y que renuncias hubo que hacer por el camino. Entiendo que muchas feministas de generaciones anteriores, incluyendo a nuestras madres, renunciaron a la maternidad o a la crianza para poder trabajar y tener una independencia económica. Renuncias dolorosas en muchos casos, un dolor que apenas ha sido nombrado. Así que cuando llegan madres más jóvenes reivindicando quedarse en casa o dar la teta años muchas se sienten desconcertadas, o incluso lo ven como un retroceso. Desconocen, por ejemplo, porque no lo han vivido, que la lactancia es un asunto central de nuestra sexualidad y de nuestro poderío. Cuando feministas como Beatriz Gimeno atacan la lactancia materna, yo me siento como si nos atacaran por tener orgasmos, su critica a la lactancia me resulta machista y patriarcal.

Me choca que no vean que hay toda una industria que se forra cada vez que una madre no consigue amamantar como ella deseaba o quería. Me entristece. Además en el caso de Gimeno es llamativo como se convierte en experta alguien que no tiene experiencia ayudando a otras madres en puerperio, ni ha tenido experiencias placenteras de lactancia. Desde luego Nestlé debe de estar encantada con ella y otras que desde el feminismo creen que promover la lactancia es una política conservadora. Para mí es todo lo contrario, promover la lactancia pasa por defender nuestras tetas, nuestros cuerpos, y sobre todo nuestro placer y el de nuestros hijos e hijas, además de nuestra salud.

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