From cuerpo-capitalizado

“No hay conciencia de la otredad, de los problemas fuera del mundo blanco, porque no se conocen, no hay educación ni difusión mediática clara sobre esto, por lo que toda persona que no tenga la inquietud o reflexione sobre estos privilegios históricos, continúa consumiendo cuerpos-sirvientes como algo totalmente normal y aceptable” -Efe Tapia.

Converso con Efe Tapia, escritora chilena residente en Australia transitoriamente, desde donde empuja su asunto vital propio como artista en formación. Reflexionando acerca de la migración y en cómo transformar la opresión en arte y resistencia. En Diario non Diario (2020) la pensadora trazar un recorrido poético sobre el proceso de viaje y auto-descubrimiento bajo la consigna “La revolución serán sensible, o no será”.

Ahondamos en cómo el cuerpo-blanco perpetúa la lógica depredadora de disponer de las vidas de otros cuerpos y de reproducir condiciones no-vivibles que nos precipitan en nuevos escenarios -muy normalizados- de esclavitud contemporánea. Cómo toda esta alteración pandémica ha estado manejada para perseverar en las vidas que ostentan privilegio. Cómo los trabajos en el hogar -entendidos como todos aquellos que sostiene la logística doméstica para generar condiciones de bienestar- deben estar asumidos desde lógicas que no-posibiliten el robo las fuerza vitales y del desarrollo vital de otros cuerpos.

Derechos Fundamentales, Trabajos Maternos, Trabajos Domésticos no remunerados y pandemia: ¿Será que esta pandemia hace posible que los Derechos Fundamentales se hagan efectivos, de pleno de derecho, una vez asumimos las maternidades o Trabajos Maternos? ¿Será que esta pandemia facilita que los Trabajos Maternos y los Trabajos Domésticos no remunerados tengan derechos de facto?

Si el Derecho a la Dignidad Humana y a la Protección a la Salud son derechos universales, inviolables, intransferibles e irrenunciables, ¿será que esta dislocación social provocada por la pandemia donde se están replanteando las prioridades -o se ficciona que se está haciendo- será la oportunidad para que se pongan en práctica, que se implemente en nuestra sociedad primermundista, nuestros Derechos Fundamentales una vez que asumimos los trabajos maternos y los trabajos domésticos no remunerados como sujetos políticos con plena legitimidad para que se implementen medidas que hagan efectivos, que pongan en práctica real, tales Derechos Fundamentales como la Protección Social, Económica y Jurídica de las Unidades Familiares Diversas, el Derecho a la Dignidad Humana, al Honor e Intimidad, Derecho a la Participación en Asuntos Públicos?

¿Cobrar por trabajar es un Derecho Fundamental? ¿Será este el momento de poner en práctica los Derechos Fundamentales de los cuerpos maternos y cuerpos que asumen los trabajos domésticos no remunerados?

“Con la actual crisis sanitaria nos encontramos frente a una importante oportunidad para continuar con la lucha antipatriarcal donde nuestros cuerpos maternos son relegados a la sumisión hogareña (…) el mismo sistema no quiere que esta situación cambie, y lo que ha hecho esta pandemia es más bien alargar y, de alguna manera, obstruir cualquier tipo de rebeldía (…) dejándonos, obviamente, con poco espacio y tiempo para reflexionar y poder retomar el diálogo de una manera consciente y sostenible” -Laura Fong Prosper

Converso con la artista visual y editora, Laura Fong Prosper (Ciudad de Panamá, 1978), residente en Berlín, desde donde asume el trabajo materno y trabajo profesional bajo estas nuevas coordenadas vitales víricas. Ahondamos en el estrechamiento de posibilidades y desarrollos vitales desde crianzas en contextos primermundistas intentando que esto no suponga tener que asumir una condición vital expropiatoria, muy conocida para nuestros cuerpos mujeres de manera histórica, o lo que es lo mismo, una neoesclavitud doméstica donde asumimos ser la mano-de-obra-encerrada-gratuita del machoestado para sostener los efectos de esta crisis sanitaria.

Fong Prosper en Mater (2020) narra las cargas que se va acumulando sobre nuestros cuerpos maternos durante el desarrollo de la crianza de nuestras criaturas a partir de la formalización visual del multitasking, lo hace de manera brillante, como retrato generacional de todxs lxs que asumimos los trabajos maternos. Revelando cómo se erige como práctica que demanda psicomatéricamente la totalidad del tiempo de trabajo sin posibilidad de remuneración, sin socialización ni distribución de tales cargas (como actividad humana, ahora, endurecida por el aislamiento). Además, en la obra en colaboración con ecóloga cultural panameña, Ela Spalding, Vida (2020) abordan las profundas implicaciones políticas en los cuerpos que necesitan ser cuidados y en los cuerpos que cuidan de las distintas maneras de hacer la práctica materna cotidiana.

¿Es legítimo que durante todo este tsunami vírico recaiga sobre el cuerpo materno toda la suma de trabajos que en la anterior rutina eran asumidos por un sistema público de fuerzas diversas que vertebran el complejo andamiaje que sostiene a las crianzas en condiciones de bienestar? Paloma Calle en el Ejercicio 1 de la Serie “Gravedad” (mayo, 2020) nos interpela a mirar todo lo que están asumiendo nuestros cuerpos como amortiguadores del patercapitalismo/falosistema.

Paloma Calle es performer, ama de casa, disidente sexual y cuerpo sostendor de dos criaturas. Abrió en 2018 una necesaria (y urgente) propuesta sobre Familias Heterodisidentes (no heterosexuales, madres solas, otras conformaciones familiares distintas a la monogamia, familias LGTBQ y quienes se sientan apeladas por este llamado) en Intermedie/Matadero Madrid.

Dos años después, Calle, presenta aquí el Ejercicio 1 de la serie “Gravedad” donde narra de manera visual la sobrecarga de trabajos sobre nuestros cuerpos que tiene como consecuencia directa un endurecimiento de las condiciones en la que se desarrollan las crianzas. Condiciones que ya eran de opresión y devaluación antes de esta emergencia fascista (como la llama, Sarah Babiker, en Nur y la utopía) .

“Habrá que preguntarse qué tanto las herramientas epistémicas han sido producidas o que tanto las entendemos desde ese mismo sistema (machocéntrico) (…) y si los lenguajes que necesitamos recuperar o reinventar tienen que provenir desde las más profunda oscuridad, cotidianidad, espiritualidad, búsqueda, insatisfacción, rabia, del amor inconmensurable, dolor, muerte, porque la vida es muerte, porque tenemos mujeres enterradas debajo (dice Gloria Anzaldúa) y en la violencia de ser mujeres madre, pasión, arrebato, duda, madres negras madres morenas madres blancas, que nos habita”. Andrea Fuentes Silva

Converso con escritora, poeta y editora, Andrea Fuentes Silva (México, 1973), directora de Caja de Cerillos -Escrituras desde el Aliento- la cual maneja la escritura como herramienta combativa a través de dispositivos artístico-literarios. Su práctica pivota entre la poesía, artes visuales, pensamiento, feminismo e invención de libros. En sus redes tiene como statement If you are going through hell, keep going (si estás atravesando un infierno, sigue adelante).

Fuentes Silva, nos propone pensar el cuidado con cuidado, politizar las maternidades o trabajos maternos, cuestionar el sometimiento a la maternidad por el poder que tiene y rearmar todo el andamiaje identitario de lo que históricamente se asocia a lo femenino, aquí señalado como cuerpo-comunidad-feminino, desde la condición de no ser madres ante todo y antes de todo: “Desmontar la maternidad como eje de la identidad femenina implica repensar la identidad femenina en términos amplios y complejos no sólo en función de la decisión elección de ser o no madres (fundamental) sino de nuestra permanente o no condición de madres, de decidir no ser madres ante todo o antes que todo, y esa deconstrucción es igualmente un asunto nodal para la recuperación de los saberes de nuestros cuerpos-ideas porque atraviesan el deseo, y es a partir del deseo y sus aspiraciones que un poderoso lenguaje libre y articulado desde la entraña corporal y conceptual puede ser construido”.

“La idea de la maternidad como acceso a algo ‘primitivo’ dentro de nosotros es un problema (…) la experimentamos en el presente, medicada, socializada, no existe fuera de la modernidad, nosotros no existimos fuera de la modernidad. Si queremos acceso a algo fuera de la modernidad, lo vamos a tener que construir. Y lo que la maternidad nos puede dar es acceso epistémico a una serie de solidaridades y a una expansión de nuestra idea de lo que es ser humano. Pero hay que estar siempre atentos porque la maternidad también es la fuerza central de los movimientos de derecha, de los movimientos anti-feministas, de muchos movimientos racistas”. Andrea Francke

Converso con la artista, Andrea Francke, responsable del proyecto Invisible spaces of parenthood: A collection of pragmatic propositions for a better future (2012) donde a partir de conversaciones y encuentros con madres/padres, maestras, responsable de escuelas infantiles y espacios para la primera infancia, se trazaban posibles modelos públicos de crianza desde la centralidad de las bionecesidades del sostén y donde esta actividad humana es considerada como proceso comunitario de responsabilidades distribuidas.

Francke habla del error de universalizar la maternidad o trabajo materno como práctica única, los peligros de su fetichización y mitologización, de cómo nos toca a nivel generacional ensanchar la solidaridad para que estén todos los cuerpos dentro del movimiento emancipador, sobre la maternidad como lugar deslegitimado desde donde activar la reflexión crítica dentro del asunto contemporáneo y su negación a tener que renunciar a pronunciarse desde ahí (como madre o cuerpo sostenedor) como sujeto político. También subraya la responsabilidad común de generar condiciones para que todas las voces construyan y reconocer como parte fundamental de los procesos de conceptualización del trabajo materno, la dimensión política/teórica de las trabajadoras domésticas o profesionales de los cuidados

“La destrucción de la amazonía nos obliga a pensarnos como humanidad planetaria, reconocer la dependencia de unos y unas de los otros y otras, a la vez que con la naturaleza. Los ecosistemas están ontológicamente vinculados, así como también lo estamos nosotros como seres vivos. En este sentido, me aventuro a plantear que quizás pensarnos más desde “lo reproductivo” y menos desde “lo productivo”, nos podría dar luces de dónde poner el foco para imaginarnos diferentes y alejarnos de las divisiones del furioso capitalismo patriarcal”. Camila Barreau Daly

Converso con la arquitecta feminista, activista, pensadora y defensora de la práctica de construcción vernácula, Camila Barreau Daly. Bajo su impulso se ha gestado la plataforma crianzaenlaciudad la cual le sirve de laboratorio para su investigación Criar en Santiago: atmósferas afectivas y estrategias espaciales, lo cual compagina con ser socia del estudio Verde Azúl el cual repara viviendas sociales desde hace 10 años.

Barreau aborda cómo la arquitectura debe abandonar la monumentalidad, la falo-espectacularización, para convertirse en una herramienta facilitadora de cuidar a los cuerpos, tornarse en una herramienta que genere un impacto profundo en las condiciones espaciales de una vida que transita los espacios. Defiende una práctica que vuelva a la centralidad de lo vivo.

“Las criaturas no necesitan un cuerpo, necesitan el cuerpo y la presencia de su madre. Decirlo ahora mismo es políticamente incorrecto. Creo que estudiar y comprender nuestra biología mamífera resulta liberador, al contrario de lo que piensan algunos feminismos. La biología está para ayudarnos, para que la reproducción y la crianza sean placenteras y saludables. Lo que hace el patriarcado es arrasar con esa biología y ese conocimiento, siembra la carencia y ahí ya tenemos el mercado creado”. Ibone Olza

Converso con Ibone Olza, psiquiatra infantil y perinatal, madre y activista. Una de las principales voces en España que reivindica la centralidad de las bionecesidades de las criaturas y de las madres (que aquí llamamos cuerpos gestantes y/o sostenedores dada nuestra propuesta o futurible por unas maternidades en contextos postidentitarios).

Su práctica tiene como horizonte generar unas verdaderas condiciones para la igualdad a partir del desarrollo sano/respetado de las actividades propias a la reproducción social. Autora de “Parir. El poder del parto” (2017), entre otras publicaciones.

Olza reclama, sin complejos, a partir de la evidencia científica -tan admirada en nuestro sistema eurocéntrico- la incorporación en los imaginarios feministas del cuerpo biológico, afirmación que genera verdadera repulsa en los feminismos hegemónicos españoles: feminismo de la igualdad y lesbofeminismo. Con ello incorporar a nivel político las bionecesidades de los cuerpos que llevan a cabo el trabajo de gestación y/o sostén.

Incorporar los cuerpos en las maternidades: el cuerpo sí importa.

Emancípate, sí, pero negando tu cuerpo, negando el cuerpo materno. Negando el trabajo invisible y silencioso que sostiene, de manera irreversible, al capitalismo. Acumula sobre tu cuerpo todo esa cantidad de trabajo que implica gestar y/o sostener, pero acepta sin rechistar, que las riquezas y potencias que eso produce, se las quede papá/estado o las estructuras económicas falocéntricas.

“Yo veo a mi alrededor a mujeres no madres que refuerzan a diario los roles de género tanto o más que las madres. Si una mujer no ha hecho un trabajo personal de deconstrucción de la normatividad patriarcal, da igual que sea madre o no, que sea o no una asalariada empoderada en lo laboral: estará posiblemente colaborando a la reproducción del orden patriarcal”. Patricia Merino

Converso con la pensadora feminista, activista y teórica, Patricia Merino (Bilbao, 1961), autora de Maternidad, igualdad y fraternidad. Las madres como sujeto político en las sociedades poslaborales (Clave Intelectual, 2017) y fundadora de la plataforma de madres feministas PETRA para la ampliación de los permisos transferibles.

El trabajo de Merino nos abre un espacio revelador fuera de la práctica de pensamiento feminista hegemónico reconociendo el cuerpo materno como lugar devaluado, históricamente, y que continúa siéndolo bajo las lógicas de unas políticas que nos exigen ser-un-cuerpo-asalariado para poder tener legitimidad como cuerpo político. Olvidando la potencia, riqueza y valor en términos “productivos” de los cuerpos que asumen el trabajo reproductivo -gestación y sostén-.