From Luisa Fuentes Guaza

¿Vamos a normalizar en silencio después de la movilización interna que tenemos en marcha dentro de las nuevas luchas reproductivas que la nueva era vital vírica es sinónimo de pérdida de derechos fundamentales para los cuerpos maternos y con mayor hondura para los cuerpos mujeres maternos? ¿Nos lo van a inocular sin que rechistemos? Responden las pensadoras: Sarah Babiker, Lucía Barbudo y Luisa Fuentes Guaza.

A continuación Sarah Babiker, Lucía Barbudo y la que escribe, compañeras de reflexión feminista y activismos teóricos sobre nuevas coordenadas de las luchas reproductivas, nos preguntamos sobre la pérdida de derechos, libertades y espacios sociales conquistados en los últimos años como apoyos al trabajo reproductivo -trabajo que el machosistema niega como lugar potencia económica- como consecuencia de esta gestión vírica totalizadora.

Donde los cuerpos que cuidan de menores a cargo han visto, hemos visto, intensificadas las cargas de trabajo sobre nuestros cuerpos y estamos asistiendo, perplejas, a la inexistencia de soluciones políticas que apoyen de manera efectiva a los trabajos maternos, como trabajos estructurales para la continuidad de este sistema desde la diversidad de las unidades familiares.

¿Qué nos impide nombrar, cuantificar y politizar al máximo todos los trabajos que se acumulan en los espacios domésticos durante esta excepcionalidad social que a su vez son asumidos por los cuerpos maternos/explotados? ¿Será que el poder sigue condicionado por la creencia del feminismo igualitario que dice que las nuevas luchas reproductivas se reducen al hecho de haber pasado de una mística de la feminidad a la mística de la maternidad unida a la lógica del paterfamilias del espacio doméstico como asunto privado librado a sí mismo?

Aquí podéis leer el texto publicado en http://www.lamarea.com Policitemos todos los trabajos que se acumulan en el espacio doméstico donde se plantea si, ¿todo este terremoto vírico manejado desde resortes totalitarios nos va a dar la oportunidad de entrar a politizar todos los trabajos que se acumulan en el espacio doméstico? ¿Cómo son asumidos, quienes los asumen, en qué condiciones?

Así poder desarrollar nuevas políticas de distribución del cuidado y nuevas infraestructuras públicas que respeten las necesidades y derechos fundamentales psicofísicos de los cuerpos “mujeres” madres o cuerpos gestantes/sostenedor y de sus criatura y, a su vez, de los cuerpos “mujeres” que asumen de manera externalizada el trabajo del hogar y de los cuidados.

Nuestro derecho fundamental a la movilización pacífica del malestar generado por cuidar durante el encierro (confinamiento) y por el corpomanejo político de esta crisis sanitaria con las pensadoras feministas Helena Chávez Mac Gregor (Ciudad de México), Lucía Barbudo (Murcia), Maite Garbayo (País Vasco/Barcelona), Marta Busquets (Barcelona) y Carol Arcos Herrera (San Diego).

A continuación abrimos la reflexión sobre la movilización del malestar con compañeras de luchas teórico-materno-vitales planteando que dada la gravedad de esta crisis sanitaria y los resortes que se han activado por pura acumulación histórica (una acumulación machobélica cristalizada ahora en el falocapitalismo) percibimos que como cuerpos “mujeres” madres o cuerpos gestaste/sostenedor o cuerpos sostenedores de criaturas se nos exige la negación del malestar interno generado por todo lo que acontece (desde el contexto español marcado por el barrido de los derechos de la infancia, el no reconocimiento político/económico del valor brutal del trabajo de cuidados en el espacio doméstico, etc).

Sentimos que en el macho-escenario-deseable se espera nuestra corrección moral y emocional, autocensura, autodisciplinamiento, macholímites.

Ser los amortiguadores del perverso turbocapitalismo con nuestros cuerpos precarizados.

“Si encuentro que hay algo de esperanza en este mundo, es desde justamente las labores de cuidado –es decir, que no sólo puedo entender la maternidad en relación a la explotación y el patriarcado, y claro que el modelo Capitalista está sostenido por la invisibilización de esa labor como bien lo ha dicho Silvia Federici” -Gabriela Jauregui. “Cuando se nos pase el enfado y los falo-cuerpos entiendan y asuman su pérdida de poder/privilegio, podremos ir articulando un supuesto horizonte de equilibro entre cuerpos que asumen actividades humanas, no entre entre “padres” y “madres”, no entre “hombres” y “mujeres”, sino entre cuerpos que asumen su propia/genuina identidad de género, su propia/genuina práctica afectivo-sexual y desde ahí los Trabajos Maternos” -Luisa Fuentes Guaza.

Segunda parte de la conversación con la pensadora, escritora, poetisa y editora, Gabriela Jáuregui (Ciudad de México, 1979) la cual se incluye en el libro MM. Maternidades -edición y prólogo de Andrea Fuentes, textos de Gabriela Jáuregui, Clarisa Moura, Andrea Fuentes, Pilar Villela, Violeta Celis, Sara Schulz, Jazmina Barrera y Abril Castro (Caja de Cerillos Ediciones, México)-.

Su publicación, aquí, forma parte de las estrategias impulsadas por el Pulsador de Movilizaciones Internas sobre Trabajos Maternos (arrancado desde Futuridades Maternales y en desarrollo dentro del programa de Actividades Públicas del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de marzo a julio 2020) para ahondar/abrir y poner en circulación textos publicados sobre la dimensión política/filosófica/sociológica de la reproducción social y con ello ampliar las posibilidades críticas de tales actividades humanas (gestación/sostén y sostén).

Incorporar los cuerpos en las maternidades: el cuerpo sí importa.

Emancípate, sí, pero negando tu cuerpo, negando el cuerpo materno. Negando el trabajo invisible y silencioso que sostiene, de manera irreversible, al capitalismo. Acumula sobre tu cuerpo todo esa cantidad de trabajo que implica gestar y/o sostener, pero acepta sin rechistar, que las riquezas y potencias que eso produce, se las quede papá/estado o las estructuras económicas falocéntricas.

Por una necesaria emancipación de la maternidad

Texto publicado 17/04/2019 en Píkara magazine

Todas somos conscientes de las luchas y conquistas de la segunda y tercera ola del feminismo, de todo lo que tenemos que agradecerle. Somos conocedoras de cómo tuvimos que asimilar y asemejar el sentir de nuestros cuerpos a los rasgos propios de las construcciones identitarias que ostentaban –y ostentan- el poder para poder continuar con la emancipación.