From feminismo sur global

“Creo cada vez más en un doble movimiento: tener una sociedad más maternante, más tribu y más cuidadora, por un lado; que a su vez nos permita más identidad individual des-generizada, más conectada con el corazón y menos con los mandatos, por el otro lado. Esto lo podemos lograr con mujeres que, en principio, se niegan a renunciar a nada. Pero también necesitamos una alianza clave: aquella con hombres que abrazan masculinidades plurales, más libres, transgresoras, audaces, en particular, en su conexión con los cuidados, con lo suave, con la intimidad, la piel, los deseos de las demás personas”. Juliana Martínez Franzoni

Converso con Juliana Martínez Franzoni, catedrática de la Universidad de Costa Rica, investigadora sobre regímenes de bienestar y de política social, sus procesos de formación/implicaciones para la desigualdad socioeconómica y de género, incluyendo la reorganización de los cuidados en América Latina. Activista y alumna de sus hijas. Co-autora junto con Diego Sánchez-Ancochea (University of Oxford) The Quest for Universal Social Policy: Actors, Ideas and Architectures (Cambridgde University Press, 2016).

Martínez Franzoni ahonda en la necesidad de cuerpos que no renuncian a nada y que abrazan la posibilidad de sostén/realización profesional/emancipación desde la cercanía de las pieles. Señala la falacia de querer eliminar el cuidado de nuestras vidas siendo profundamente interdependientes, planteando el reconocimiento del trabajo de sostenimiento de la vida como pieza fundamental en la actividad público/política, la necesidad de reorganizar el régimen de los cuidados y la urgencia para desmontar la brecha salarial junto a la lógica de tener que cuidar al hombre-adulto como cuerpo-demandante per se por encima de la bionecesidades del cuidado a las criaturas o ancianos o cuerpos dependientes (práctica totalmente normalizada en el falosistema que nos envuelve).

“La destrucción de la amazonía nos obliga a pensarnos como humanidad planetaria, reconocer la dependencia de unos y unas de los otros y otras, a la vez que con la naturaleza. Los ecosistemas están ontológicamente vinculados, así como también lo estamos nosotros como seres vivos. En este sentido, me aventuro a plantear que quizás pensarnos más desde “lo reproductivo” y menos desde “lo productivo”, nos podría dar luces de dónde poner el foco para imaginarnos diferentes y alejarnos de las divisiones del furioso capitalismo patriarcal”. Camila Barreau Daly

Converso con la arquitecta feminista, activista, pensadora y defensora de la práctica de construcción vernácula, Camila Barreau Daly. Bajo su impulso se ha gestado la plataforma crianzaenlaciudad la cual le sirve de laboratorio para su investigación Criar en Santiago: atmósferas afectivas y estrategias espaciales, lo cual compagina con ser socia del estudio Verde Azúl el cual repara viviendas sociales desde hace 10 años.

Barreau aborda cómo la arquitectura debe abandonar la monumentalidad, la falo-espectacularización, para convertirse en una herramienta facilitadora de cuidar a los cuerpos, tornarse en una herramienta que genere un impacto profundo en las condiciones espaciales de una vida que transita los espacios. Defiende una práctica que vuelva a la centralidad de lo vivo.

“La maternidad es un territorio de disputa que, en determinados discursos, es muy fácil que se deslice hacia el “ensalzamiento de una esencia”. Mientras que el patriarcado lo naturaliza en los cuerpos y lo invisibiliza como factor de riqueza social para seguir usufructando de ello, cierto feminismo, quizá el más hegemónico, lo invisibiliza de otro modo. Digamos de forma un tanto simple, es la batalla entre el feminismo de la igualdad y el feminismo de la diferencia, aunque a mí el debate me parece bastante más complejo que todo eso”. Carolina León

Converso con Carolina León, librera en Traficantes de sueños y escritora. Autora de la Trincheras permanentes. Intersecciones entre política y cuidados (2017), una reveladora reflexión sobre la incorporación de territorios denostados por las lógicas machocéntricas, tales como, la reproducción, la vida, los cuidados, los afectos junto a las condiciones y necesidades para el sostenimiento general de los cuerpos en constructos sacralizados como la política, la militancia, el activismo, la organización y la revolución.

León ahonda en cómo los cuerpos son utilizados a través de políticas que “parchean” para cumplir las demandas de lo productivo y sólo existen, como tales, bajo esas lógicas. Señala cómo las condiciones necesarias para el sostén son consideradas como subalternas, fuera de lo que tiene poder, cuando paradójicamente el valor viene de la vida, de los cuerpos, del cuidado, de los haceres, etc. Forzándonos a tener que asimilarnos en estructuras y sentires falocéntricos/masculinizados. “Hay un “universal” que no quiere saber nada de cuidados, de cuerpos, de fragilidad, de vulnerabilidad, de interdependencia. En estas, de verdad, sólo tenemos como compañeras a las feministas del sur global (que no pueden negarse), a las teóricas queer (Butler) y a las ecofeministas” comenta la autora.