From estandarización falócrata

“Yo veo a mi alrededor a mujeres no madres que refuerzan a diario los roles de género tanto o más que las madres. Si una mujer no ha hecho un trabajo personal de deconstrucción de la normatividad patriarcal, da igual que sea madre o no, que sea o no una asalariada empoderada en lo laboral: estará posiblemente colaborando a la reproducción del orden patriarcal”. Patricia Merino

Converso con la pensadora feminista, activista y teórica, Patricia Merino (Bilbao, 1961), autora de Maternidad, igualdad y fraternidad. Las madres como sujeto político en las sociedades poslaborales (Clave Intelectual, 2017) y fundadora de la plataforma de madres feministas PETRA para la ampliación de los permisos transferibles.

El trabajo de Merino nos abre un espacio revelador fuera de la práctica de pensamiento feminista hegemónico reconociendo el cuerpo materno como lugar devaluado, históricamente, y que continúa siéndolo bajo las lógicas de unas políticas que nos exigen ser-un-cuerpo-asalariado para poder tener legitimidad como cuerpo político. Olvidando la potencia, riqueza y valor en términos “productivos” de los cuerpos que asumen el trabajo reproductivo -gestación y sostén-.

Maternidad-trabajo, ¿podemos asignarle la calificación de actividad productiva al trabajo materno o al conjunto de tareas necesarias para la gestación y sostén de la criaturas?

Dada la estandarización falócrata del trabajo asalariado o cómo el marco del sistema de empleo y las condiciones impuestas por el empleador no incluyen los bio-procesos y bio-necesidades de los distintos cuerpos-gestantes y cuerpos-sostenedores; unido a unas estructuras masculinizadas marcadas por la eficiencia en términos de progreso económico, nos relevan que el empleo, la condición sine qua non de tener que asalariarte, no se puede erigir como la única vía para la emancipación del trabajo materno. Unido al consenso de una parte de la teoría crítica feminista sobre cómo el trabajo asalariado[1] no es la clave esencial para liberar al “cuerpo-comunidad-femenino”.

Contra la lógica que da más importancia a manejar un cuadro de Excel que a gestionar la maternidad.

¿Cómo puede ser que el trabajo de vertebrar, sostener, alimentar, educar y cuidar a un ser humano necesitado de los afectos y cuidados para sobrevivir no esté dignificado a nivel social?

Lo curioso es el absurdo sistema de vigilancia que se establece entre las madres –o personas que ejercen el trabajo materno– dándole gravedad a cuestiones que no la tienen y aniquilando algo fundamental: vivir la crianza desde la alegría.