“Habitamos en una tensión y por momentos, contradicción, de descansar o activar en reuniones nocturnas, que es el tiempo que muchas veces disponemos. Una tensión porque deseamos una vida plena, un mundo habitable, reconocimiento de los trabajos no remunerados, de cuidados, de crianza y su socialización. Nuestra voz y experiencia es indelegable, pero a la vez es central que cruce las luchas feministas” -Comité de Maternidades CF8M de la Coordinadora Feminista 8 de Marzo (Chile).

Créditos imagen: Encuentro del 21 de agosto (2022) del Comité de Maternidades de la Coordinadora Feminista 8M de Santiago de Chile como parte de la campaña por el «Apruebo» de la Propuesta de la Convención Constitucional durante el proceso constituyente que se abrió en Chile tras la revuelta social de 2019 (*el proceso constituyente buscaba reemplazar la Constitución Política de la República de Chile que fue promulgada en 1980 durante la dictadura militar dirigida por Augusto Pinochet).

Tras un proceso de ida y vuelta, os compartimos la siguiente conversación/entrevista (puerta de muchas puertas por abrir) con el Comité de Maternidades (el cual se define como un espacio sororo y cariñoso de encuentro político para todas maternidades) de la Coordinadora Feminista 8 de Marzo (Chile).

Intercambio facilitado por la compañera, Vania Acuña Peña, psicóloga feminista y miembra del Comité de Maternidades CF8M -desde aquí gracias, querida Vania, por generar un intercambio amable y generoso, entre nosotras, como posibilidad de futuros potentes, próximos y tiernos; también, gracias de corazón expandido, a Javi Mena y María Quiñelen, por hacer que las tramas feministas se vayan armando y nos puedan ir abrazando.

Recordando el documento visual de Somos históricas donde nuestras compañeras chilenas, desde la Coordinadora Feminista 8M, activaron una movilización -sin precedentes en Chile y en la historia de los movimientos feministas internacionales- en la cual convocaron a más de dos millones de cuerpos-mujeres y disidencias, en el espacio público de Santiago de Chile. Más de dos millones de mujeres e identidades diversas, que salieron a la calle. Movilización que para muchas/muches de nosotras, significó el comienzo de un nuevo simbólico feminista, un salto generacional. La constatación de un movimiento emancipatorio antirracista y anticolonial imparable -que ahora atraviesa un proceso de duelo social ante la derrota en las urnas del “Apruebo” en 2022.

LuisaTomando las imágenes y vídeos del 8M 2020 en Santiago de Chile donde más de 2 millones de personas salieron al espacio público chileno, que para muchas de nosotras y compañeras de fuera de Chile, supuso todo un poderoso símbolo de avance feministas sistémico a nivel internacional (como una mutación feminista interespecie) la cual nos atravesó a todas y todes, desde ahí, desde ese impulso de profunda movilización y confrontación con el sistema macho-blanco-colonial-turbo-capitalista-patercentrado, me gustaría preguntaros si:

¿Estáis enfocando las maternidades o práctica maternas o crianzas como prácticas humanas de profunda potencia política o como procesos vitales que te muestran todo el aparato de extractivismo normalizado sobre las mujeres o cuerpo-mujeres? ¿Os sentís a nivel generacional dentro de un amplio proceso de resignificación de lo que significa maternar fuera de los ejes del blanco-feminismo-occidental y fuera de las lógicas del turbo-capitalismo-colonial?

Comité de Maternidades CF8M: El 8M 2020 se dio en el contexto del proceso de revuelta social iniciada en Octubre del año 2019, donde millones de personas a lo largo de todo Chile, salimos a protestar en contra de un modelo socioeconómico neoliberal que nos oprime en múltiples esferas de la vida. Esta revuelta emergió desde la espontaneidad del descontento acumulado, como resultado de décadas de políticas neoliberales cuya magnitud ha implicado la precarización de la vida. Endeudamiento para adquirir enseres básicos para vivir, derechos sociales fundamentales entregados al mercado y su ganancia, educación, salud, seguridad social, pensiones paupérrimas, crisis de la vivienda. Lo cual, sumado a una clase política, cuyo rol ha sido la reproducción de este modelo, manteniendo sus privilegios de clase y profundización la desigualdad estructural.

Lo anterior ha sido denunciado por el feminismo que activamos, y hemos puesto al centro la crisis de la vida, la cual tiene un carácter global. Por lo cual, nuestra potencia de lucha, expresada tan masivamente el 8M del 2020, ha seguido el hilo de las luchas que las feministas de clase, en la pampa nortina, hicieran a inicios de siglo XX. Ellas y nosotras hemos denunciado los efectos letales del capitalismo, patriarcado y racismo en nuestras vidas.

En un tiempo más corto, la masiva e histórica movilización del 8M del 2020, se inserta en un proceso emergido hace cinco meses atrás, el cual no fue liderado por ningún partido político, sino que tuvo al movimiento social feminista en la primera línea de reivindicaciones y protestas.

Todo este proceso en curso, se vio brutalmente interrumpido con la emergencia de la pandemia y el inicio del confinamiento en el mes de marzo de 2020. Este primer confinamiento duró casi seis meses y por consecuencia, entibió los ánimos de lucha crecientes que se venían desarrollando como efecto de la revuelta.

El escenario de luchas de esta revuelta, el cual eran calles y plazas de las ciudades, se vio repentinamente vacío, y la pandemia transformó nuestra vida cotidiana, profundizando aquellas condiciones que la revuelta portó en sus relatos y denuncias, “hasta que la dignidad se haga costumbre”. Para las mujeres, el efecto de esta pandemia fue aún más nefasto, se profundizó la pobreza, se agudizó la crisis de los cuidados, muchas asalariadas tuvieron que dejar sus trabajos, ya precarios, aumentó la economía de subsistencia, aumentaron los campamentos y tomas de terreno, la violencia contra las mujeres se agravó.

La salida impuesta a la revuelta social fue institucional, vía un acuerdo firmado por la transversalidad de partidos políticos un 15 de Noviembre del 2019, lo cual aperturó un proceso constituyente para cambiar la constitución de 1980, la cual fue redactada por la dictadura cívico militar de Pinochet, vigente hasta la actualidad.

Lamentablemente, y por múltiples factores, hoy nos encontramos en un escenario completamente distinto al esperado por nuestro movimiento. La propuesta de nueva constitución, redactada por un órgano constitucional electo democráticamente, se perdió. Las derechas avanzan y con ello su discurso de seguridad cargado de xenofobia y la propuesta de una sociedad cada vez más policial, represiva y punitivista. El movimiento social ha retrocedido tristemente su organización y despliegue, y ninguna de las necesidades demandadas en la revuelta se encuentra hoy satisfecha. Los partidos de izquierda, que hoy gobiernan, han cedido espacio a las derechas. Hay desencanto y cansancio.

Pese a este reflujo político, las feministas logramos frenar que el candidato de la ultraderecha fuese electo en las elecciones presidenciales. La lucha antifascista en Chile y el mundo, se ha transformado en una centralidad para nuestro feminismo, porque sabemos que son nuestros derechos y avances los que se ven amenazados.

En ese contexto, las maternidades hemos estado resistiendo, sosteniendo, insistiendo en un escenario precarizante para nuestras vidas.

RESISTIENDO a la agudización de la vida post pandemia, buscando alternativas a los efectos de precarización de nuestras vidas, empobrecimiento, trabajo informal, violencias de género en todos los contextos, crisis de vivienda, enfermedades de salud mental, soledad en la crianza y cuidados.

SOSTENIENDO nuestra vida y la vida de nuestras hijas e hijos, con escasas condiciones para realizar este trabajo, el cual sostenemos de manera individual, la mayoría de las veces sin un padre que, desde la corresponsabilidad y conciliación, cumpla con sus responsabilidades materiales y afectivas. Esta violencia económica ha significado destinar más horas al trabajo remunerado, las cuales se suman al trabajo no remunerado sin día sin jornada. Capitalismo y patriarcado se articulan en un mandato de explotación y desigualdad en el maternaje, el cual denunciamos y queremos transformar. No queremos ser reproductoras de fuerza de trabajo, queremos ir hacia la vida digna y que merecemos, nosotras y nuestras hijas e hijos.

INSISTIENDO en no soltarnos entre nosotras, integrantes del comité de maternidades de la CF8M, y también con otras organizaciones políticas en que activamos, y sabemos que estamos en un momento de urgencias, pero habitamos la propia, que es diversa en sus territorialidades, condiciones, algunas directamente afectadas por el poder judicial patriarcal que insiste en el sesgo machista y judicializa nuestras maternidades. No es fácil el activismo con esa cotidianidad encima de nuestras cuerpas y territorios víctimas del extractivismo. Politizamos esta cotidianidad y lo hacemos desde nuestro feminismo, porque las maternidades no han estado dentro de los movimientos feministas, pese a su transversalidad y magnitud.

“Las maternidades que militamos el feminismo visibilizamos en nuestras organizaciones la dificultad para activarnos políticamente por la sobrecarga de trabajos remunerados y de reproducción de la vida, fomentamos la corresponsabilidad con los padres de nuestros hijes pero en muchas situaciones es francamente imposible y denunciamos todas aquellas situaciones que amenazan una vida libre de violencia -en el amplio sentido de la palabra- para nosotras y nuestres hijes. Deseamos ampliar nuestro campo de acción y visibilizar las maternidades privadas de libertad, migrantas, las maternidades víctimas del genocidio en Palestina y todos los territorios en donde la guerra lucre con nuestras vidas, hijas y pueblos en su conjunto” -Comité de Maternidades CF8M.

Habitamos en una tensión y por momentos, contradicción, de descansar o activar en reuniones nocturnas, que es el tiempo que muchas veces disponemos. Una tensión porque deseamos una vida plena, un mundo habitable, reconocimiento de los trabajos no remunerados, de cuidados, de crianza y su socialización.

“Nuestra voz y experiencia es indelegable, pero a la vez es central que cruce las luchas feministas. Para lo cual hacemos un amplio llamado internacionalista a hacer propia esta reivindicación” -Comité de Maternidades CF8M.

Luisa- Me gustaría ahondar en la reivindicación que lanzáis de enunciación y dignificación de todo lo propio a la reproducción de la vida desde un llamado internacionalista. Llamado que hacemos propio desde aquí, Futuridades Maternales (y también muy agradecidxs de que lo hayáis planteando) para ir articulando horizontes comunes donde las prácticas maternas no sean expulsadas de los procesos de emancipación feminista; y ser madre o cuerpo materno o cuerpo que sostienen a otros cuerpos dependientes, no sea sinónimo de tener que normalizar psico-esclavitudes contemporáneas o tener que atravesar una puerta de entrada a un proceso de vaciado político por la propia complejidad (matérico-económica, corpo-emocional, socio-logística, etc) implícita en sostener la vida de otras personas, y con ello tener que renunciar (por no tener fuerzas ni espacio posible) a ser parte activa de los procesos de lucha que exigen una enunciación política de las maternidades dentro de los feminismos.

Desde ahí, cuando habláis de «nuestro feminismo» (entendiendo el feminismo como una práctica social, de calle, también teórica y de movilización que busca mejorar las vidas de todas y todes): ¿incluye incorporar nuevos significados donde sostener la vida de otros cuerpos o criar o maternar pueda ser vivenciando como parte de despliegues vitales gozosos sin caer en esencialismos?

Comité de Maternidades CF8M: Antes de responder a la pregunta en específico, para nosotras es importante esclarecer el uso del término «esclavitud» en contextos que no necesariamente reflejan la realidad histórica y el impacto devastador de la esclavitud como institución. Si bien desconocemos el término «psico-esclavitud», consideramos podría ser problemático, pues no recoge una comprensión clara de lo que implica y de las connotaciones que lleva consigo, pudiendo banalizar y minimizar la magnitud de los sufrimientos y las injusticias que esta implicó, así como los efectos que hasta hoy, aún perduran en nuestro continente y en los países del cono sur.

Respecto del trabajo reproductivo, que incluye el cuidado y la crianza de hijos e hijas, así como el trabajo doméstico, podemos decir que no solo sostiene la vida, sino que también es fundamental para el funcionamiento del sistema en su totalidad. Sin el trabajo de cuidados, como el trabajo doméstico, alimentar a la familia, mantener el hogar en condiciones adecuadas, asegurar las condiciones para el descanso del núcleo familiar, entre otras, el sistema no podría sostenerse. Es más, estudios han demostrado que actividades del ámbito reproductivo, como la lactancia materna, no solo contribuyen significativamente al PIB de los países, sino que también generan ahorros de miles de millones de pesos en tratamientos médicos para enfermedades que la lactancia ayuda a prevenir. Esto muestra que el trabajo de maternar va más allá del ámbito del trabajo reproductivo, teniendo un impacto económico y social profundo.

Reivindicamos la maternidad como un trabajo esencial que sostiene la vida y la sociedad, a pesar de ser frecuentemente invisibilizado y desvalorizado, incluso dentro de la esfera del feminismo. Es crucial visibilizar el trabajo de maternaje, sacando estas experiencias del ámbito privado y haciéndolas públicas y políticas. En un sistema patriarcal, colonial y capitalista, el individualismo y la productividad nos mantienen criando de manera aislada, agotada y precarizada. Esta violencia estructural se manifiesta de diversas formas, incluyendo abusos, femicidios, violencia sexual, la excesiva judicialización, la discriminación, la violencia vicaria, la precarización y, de manera particular, hacia quienes somos madres proletarias, indígenas, negras. Por ello, es imperativo transformar nuestras prácticas de cuidado hacia un modelo comunitario que priorice la solidaridad, el apoyo mutuo y el sostén en comunidad, reconociendo que los niños y niñas no son propiedad de las familias, del estado ni del capital.

Nos parece crucial replantearnos nuestras relaciones y cuestionar las prácticas de cuidado y crianza que nos han sido impuestas desde el colonialismo, y que hemos adoptado como propias. Nuestra militancia y resistencia feminista incluye a nuestras crías, las visibilizamos y propendemos a colectivizar los cuidados. Creemos que esta forma de comprender las maternidades, es una manera de resistir y luchar contra el capitalismo voraz que nos precariza, para que la decisión de maternar sea verdaderamente eso, una decisión. Un deseo.

¡Por nuestro derecho a decidir!

¡Por maternidades deseadas!

Luisa- ¿Consideráis que una posible estrategia de dignificación podría ser exigir, de manera internacionalista, la traducción en capitales de todos los trabajos que articulan el sostén de la vida, todos los trabajos que hacen posible que la vida continúe (entendiendo «trabajo» como conjuntos de prácticas y repeticiones diarias con el objetivo de generar condiciones vivibles a los cuerpos dependencia y al propio cuerpo) y que la vida sea posible, para poder vislumbrar futuros vivibles, futuros con condiciones dignas para las crianzas, donde se pueda traducir en capitales todo lo que significan las maternidades en contexto atravesados por las lógicas despiadadas del turbocapitalismo?

Comité de Maternidades CF8M– Pensamos que sí, que parte de la dignificación del trabajo de cuidados es que tenga una remuneración justa, sin embargo, no pasa solo por ello. También -haciendo el símil con el trabajo remunerado- es tener una jornada respetuosa con las madres o personas que maternan. Es decir, contar con apoyos familiares, sociales, comunitarios e institucionales para cuidar, para no maternar en soledad. Es contar con tiempo para sí misma, para la vida social, para el autocuidado. Es poder acceder a prestaciones de salud y salud mental para sí misma y sus hijes.

Exigir la remuneración de los trabajos que sostienen la vida es una estrategia válida para dignificarlos, pero no es la vía que dará solución a la violencia estructural. No basta solo con reconocer que es un trabajo que debe ejercerse en condiciones dignas. El capitalismo global, con sus lógicas de acumulación de riqueza concentrada en manos de unos pocos, genera desigualdades tan profundas que, incluso si el trabajo de cuidados fuera remunerado en todo el mundo, estas desigualdades seguirían existiendo. Vidas y maternidades continuarían siendo precarizadas, especialmente aquellas que son oprimidas de forma estructural: mujeres y niñas indígenas, negras y proletarias. Por lo tanto, nuestra lucha no se centra únicamente en el reconocimiento -a través de la remuneración- del trabajo de cuidados, o en la construcción de un sistema plurinacional de cuidados. Sino que se centra en enfrentar y transformar este sistema capitalista, colonial y patriarcal que nos violenta y precariza de las peores maneras.

Luisa- Muchas gracias, compañeras. ¡Seguimos! No dejo de soñar con esa “Llamada Internacionalista” en un futuro próximo: un gran sueño.

A continuación os compartimos otras conversaciones/entrevistas y acciones, publicadas en esta plataforma desde 2019, vinculadas y próximas a la movilización feminista chilena, las cuales se sitúan en la reflexión sobre maternidades o prácticas maternas y feminismos desde Chile:

Conversación con la artista, activista y pensadora feminista, Alma Rayén (La Serena, Chile/Charlottesville, EE.UU).

Conversación con Alma Molina Carvajal y Senoritaugarte (Maldita Precaria – Mujeres Artistas Visuales).

Conversación con la poeta y escritora chilena, Efe Tapia.

Conversación entre Carol Arcos Herrera (University of California, San Diego), Sophie Halart (Instituto de Estética Pontificia Universidad Católica de Chile) y Luisa Fuentes Guaza (Universidad Autónoma Madrid).

Conversación con Carol Arcos Herrera.

Converso con la artista visual y fotógrafa chilena, Javirüs (Santiago, Chile, 2000).

Conversación con Sophie Halart.

Conversación con Paulina Varas (Valparaíso, Chile).